Jueves 5 de Noviembre de 2009
"EL SEÑOR DE LAS TIJERAS"
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CLAUDIO GUERRA |
Cadencia arrabalera de andar felino y sobrador, carrera canchera casi displicente, de compadrito que conoce a ciencia cierta su virtuosismo, compinche del toque sutil que despierta admiración y elogio, odiado y amado en idéntica proporción, se lo discute y defiende con similar y singular vehemencia, siempre, en los extremos de la opinión.
Villano, que enerva, exaspera e irrita a aquellos exitistas atolondrados de urgencias crónicas que no saben ahorrar descalificaciones y epítetos de grueso calibre ante una intervención fallida, una jugada inconclusa o la efímera participación de sus noches negras.
Genio que enloquece y euforiza a líricos, amantes del juego y puristas que celebran como un regalo inapreciable cada uno de sus toques mágicos, los mismos que se confiesan incapaces de escatimar alabanzas y se congratulan con su presencia por considerarlo un artículo suntuoso, aún para nuestro inapreciable presente de animadores y protagonistas de un torneo de japoneses.
Todo era común antes de su pirueta de podrigioso arlequin de la redonda, todo era gris y oscuro hasta que el contorsionista arrancó la mueca de asombro, todo era chato, monótono, mediocre y aburrido previo a su espontánea demostración de belleza técnica.
El taco de billar del cirujano picó la bola al vacío y la imagen flasheó en camara lenta, girando sobre sí misma la hasta entonces maltratada, parecía ir despojándose de la tenaces gotas de rocío adheridas a su brillante superficie y tomando altura, aire y dirección hacia el impensado destino, viajó cómoda y cachonda hasta detenerse sorprendida en el guante pectoral del equilibrista, rebotar breve y volver a las alturas durante instantes, como congelada, a la espera del desenlace mágico.
Como el resto de los mortales no imaginaba el giro carnavalesco de marioneta murguera, el remolino de súbito frenesí, la sublime aceleración del giro vertiginoso, ni el golpe sesgado del verdugo frío y despiadado, del asesino serial de redes, del master de la definición exquisita.
Y cuando finalmente voló rauda y se hamacó, en su cuna de piolines, no hubo claroscuros ni medias tintas, la explosión ruge dilapidando jirones de garganta, la euforia se descontrola, la pasión desborda y el sentimiento fluye a flor de piel.
El escalofrio paralizador recorre fibras íntimas, tensa músculos y tendones, congela cuerpos que permanecen rígidos, estáticos y a duras penas atinan a levantar sus brazos al cielo o eyecta a energumenos de mirada desorbitada que se funden en abrazos conmovedores con el ignoto vecino de tablón, trepan paravalanchas o se tranforman en febriles arañas del alambrado.
La unanimidad es ahora apabullante, el comentario idéntico, el mote de GOLAZO!! nunca suficiente para semejante obra de arte, el prestidigitador levanta un brazo y se golpea el pecho, ahí donde el bobo cabalga desenfrenado y su nombre se hace propietario absoluto del espacio circundante... GUERRA...!! GUERRA...!!
Ni el posterior homenaje al implacable zaguero oriental y su enjundia legendaria podrá opacar los comentarios, la sublime corajeada que puso punto final a la contienda será considerada como un aporte más en su efímera carrera de ídolo indiscutible pero jamás podra condenar al oprobio del olvido la magnificiencia de esa tijera memorable.
Se revuelve la Tatengada en un éxtasis embriagador, giran los trapos, se agitan las banderas, el pecho se inflama de orgullo con el mítico ...SOY TATENGUE!!! el alarido sin fin, el bocinazo atróz y el grito destemplado aturde y sobresalta la ciudad dormida ...TATENGUE YO SOY...!!
La evocación encuentra lugar a cada paso, con cada cara amiga, con cada rostro familiar, en un intento vano todos quieren imitar el gesto, copiar la acción inigualable, mostrar que son capaces de recordar el más ínfimo detalle, grabada a fuego en sus retinas permanecerá guardada para siempre en el arcón de los tesoros incunables.
Ya no hay retorno... CLAUDIO puso un pie en la leyenda... anoche acarició la gloria al escribir un nuevo capítulo de "EL SEÑOR DE LAS TIJERAS ".
Un abrazo rojiblanco
El pelao
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