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Martes 9 de Febrero de 2010

"MOTEL AVENIDA"

En el inicio de esta gesta heroica que trata de posicionar a la institución en el lugar de privilegio que anhelamos, cuando tras los iconos de antaño soplaron renovados vientos que convocaron nuevas caras, en haras de esa irredenta ilusión postergada y su consecuente expectativa, imaginamos que ciertos vicios habían quedado atrás, que a partir de la fuerte personalidad de los nuevos conductores existiría un cambio radical en cuanto a la concientización necesaria para encarar ambos segmentos fundamental del torneo.

Sin embargo, como un estigma maldito enancado en la crónica ciclotimia que nos afecta hace años, cada tanto recibimos un mazazo demoledor debido a la falta absoluta de actitud. El desempeño de nuestro primer equipo el último viernes, lejos de honrar la expectativa la avergüenza, no solo porque nos trae a la memoria momentos nefastos de nuestra historia en los que dejamos pasar oportunidades inmejorables para reafirmar pretensiones y protagonismos, sino porque con posterioridad, cuando debería cundir la reflexión sincera y necesaria, tanto jugadores como cuerpo técnico, se refugian en la excusa fácil que le ofrecen los seudoperiodistas de turno. Asegurar a los cuatro vientos, levantando los hombros y con su mejor cara de resignación “…alguna vez tenía que pasar" es ofender la inteligencia del hincha.

Durante toda la semana previa, unos y otros repitieron hasta el hartazgo el cassette para la ocasión, palabras adecuadas con su explosiva carga movilizadora, declaraciones rimbombantes, rotundas y terminantes que aseguraban una firme determinación y/o disposición para plantear una batalla épica de proporciones, tras esos tres puntos vitales y necesarios que necesitamos para continuar en la lucha. Duros de boca, tibios de espíritu, no lograron refrendar con hechos sus palabras hoy y hasta que juegue Olimpo, estamos cuartos cómodos y calentitos.

Otra vez un cuatro de copas se hace fuerte en la Avenida y mas allá de la gélida actitud puesta de manifiesto para evitarlo, volvemos a repetir errores tácticos, señales confusas o contradictorias desde mas allá de la línea de cal y apelamos con desesperación a alternativas que aun vegetan en el banco ,desde hace mucho tiempo impresentables.

En su incontenible verborragia todos aseguran saber cuál es la forma correcta de jugar cada partido, alardean incluso de tener lo suficiente para respaldarla, bardean, movilizan. motivan y finalmente decepcionan a una multitud fiel hasta lo irracional, que dilapido jirones de garganta bajo un diluvio de proporciones.

Es tiempo de que nuestros jugadores se llamen a silencio y se dediquen a hacer historia, de que nuestro manager reafirme objetivos con señales claras desde lo alto de la conducción con un giro de carácter que sacuda la modorra, incomode y exija a este plantel, se impone recordarles con la crudeza que amerita a los dispersos, distraídos y ausentes sin aviso, que tienen una responsabilidad irrenunciable con ese héroe anónimo que los alienta, con la institución y la camiseta.

Jugando mal, con desempeños paupérrimos y/o alarmantes, ante una falta absoluta de creación y asociaciones, queda la corajeada emocional e individual de algún emergente  para camuflar una realidad que debería resultarnos abrumadora, estamos lejos de ser el equipo que necesitamos ser para alcanzar la meta que ambicionamos.

Nos estamos durmiendo, no podemos continuar dilapidando alegremente nuestras posibilidades, debemos reaccionar con urgencia, porque el tren del ascenso partió y no están patoteando el lugar que merecemos, con poco, casi nada.

Un abrazo rojiblanco
El pelao