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Jueves 30 de Junio de 2011

"BIENVENIDOS A LA GLORIA "

Estaban advertidos e intuian por antecedentes previos que el estallido sería descomunal, aún guardaban en sus retinas los ciclopeos recibimientos en las madrugadas posteriores al Presbístero Grela, tras la victoria en el Gigante o despues del interminable periplo a la ciudad del viento eterno. Tenían una somera idea, lo imaginaban apoteótico, inusitado e irrepetible pero jamás imaginaron sus dimensiones, hasta que el sismo los arrastró sin contemplaciones dejándoles secuelas inolvidables de por vida.

Ya en los días previos, una inexplicable sucesión de eventos misteriosos los hizo debatirse entre la incredulidad y el estupor. Cuentan los incondicionales de siempre, presentes en toda práctica que se precie, que provenientes de la mítica Redonda comenzaron a escucharse susurros. Que al levantar la vista les pareció divisar las inconfundibles figuras de proverbiales dirigentes de antaño y súbitamente, sin saber cómo, se poblaron las viejas butacas oxidadas, mientras el viento, como al descuido, mecía un raido banderín del viejo United.  Afloraron entonces mil especulaciones, algunos aseguraron reconocer entre aquellas enigmáticas presencias a entrañables leyendas del pasado y en voz queda, como al descuido y con disimulo, mientras cubrian su boca con la palma de la mano, otros se animaron a confesar que los vieron saltar el foso, rodeando al plantel.

Que el arquero recibió inapreciables consejos sobre achiques y salidas, los marcadores veladas sugerencias de cortes y quebradas, los habilidosos instrucciones precisas sobre el lugar adecuado para tirar sus gambetas y el artillero, mil opiniones divergentes sobre la definición perfecta. Incluso unos pocos juran haber visto la inconfundible figura del célebre Toto, urgueando la indumentaria, en la búsqueda frenética de alguna prenda similar al rival, para aportarle confusión al pleito. Todos aseveran haber escuchado claramente... "Si nosotros pudimos Uds. también...!!", y la enfática sentecia motivadora... "Volveremos en el aliento, trepados a cualquier paravalancha en el que se agite una bandera...!!".

La semana se consumió en vértigo, preparativos, presurosos viajes y ansiosas esperas tras una entrada, el sábado en efervescencia creciente. En el principio afloraron los piquetes llamando a la batalla, el aire trajo ecos de respuesta y el cauce de los ríos rojiblancos se multiplicó exponencialmente en su marcha ininterrumpida hacia el estadio. Eran los de siempre y miles más que llegaron desde todos los lugares imaginados tras el sueño compartido. Llegan y siguen llegando, no cabe un alfiler y siguen intentando, nadie cede un ápice pero hay que estar presente como sea y siguen entrando. Sufre el cemento con sus saltos, crujen las estructuras bajo el ulular estruendoso de sus cantos, dilapidan jirones de garganta cuando se agita la manga y el cielo desaparece en retazos del color de su pasión.

Se suceden los estallidos y la conquista desata el delirio, solo hay que esperar que el tiempo se consuma y el pitazo final, apenas perceptible, se pierde sin remedio en la indescriptible ovación gutural. Reverbera y se agita la multitud, saltan como posesos, gritan desaforados y se estrechan en sentidos abrazos con el vecino ocasional. No importa quién es quién, son todos hermanos en el sentimiento. Una "A" gigantesca recorre el campo, otros intentan culminar promesas incumplidas, ruegan a los ausentes o agradecen al santo de turno con lágrimas en los ojos, la piel erizada y el rostro deformado en una mueca, mezcla de emoción incontenible y alegría desbordante.

Y de pronto, con la misma expectativa con la que llegaron se vuelcan a las calles, dando forma a la ola gigantesca tras la cual desaparece la ciudad. Es algarabia, piquete y batucada, es frenesi, extasis y apoteosis, una y otra vez resuena el himno ancestral, mil veces se enrostra la excelsa condición, se suceden los brindis y millones de brazos se elevan frenéticos, celebrando sin reparos, sin prisa y sin pausas. En estado de gracia aguardan, los medios lo anticipan y el rumor vuela con la velocidad del rayo. Allí vienen los héroes, enancados en su carroza de festejo, con las miradas desorbitadas de asombro. Navegan al vaivén de la marea tatengue, reciben su cariño, su agradecimiento, tocan sus manos extendidas y se sorprenden con su arrojo. Los monumentos son racimos apiñados de fanáticos, las señalizaciones municipales albergan trapecistas intrépidos, de cada balcon los saluda un equilibrista consumado en un oceano de banderas y distintivos. El crucero transita y se detiene a cada paso forzado por la magna demostración de afecto. Son horas de júbilo infinito y cuando el temporal amaina, de pronto y sin aviso previo, reaparecen en la muchedumbre aquellas misteriosas presencias.

Corren incansables entre su gente, saludan, corean cantos perdidos en el tiempo y aplauden con inusitado fervor el paso de sus semejantes. Visten camisetas históricas de planteles gloriosos que lograron metas similares, enarbolan trapos amarillentos, ostentan legendarios trofeos de guerra y besan los colores amados con devoto apasionamiento.

Se prenden en la cadencia murgera de los últimos trasnochados, bardean sin pudor a los innombrables, se suman sin vergüenza a cada brindis improvisado y con la copa en alto, sus voces aguardentosas resuenan como un estruendo cuando la consigna se repite... Felicitaciones y... BIENVENIDOS A LA GLORIA !!!

 

 

Un abrazo rojiblanco
El pelao