Su
hijo dilecto, su épica epopeya, su soberbia creación
cumple 10 años... pero no habrá festejo, la legión
se mantiene a distancia, en respetuoso mutismo, conmocionada y
expectante, ansiosa por expresar sus sentimientos. Existe demasiado
afecto, aflora con ansiedad el reconocimiento, el deseo por abrumarlos
de cariño es irrefrenable pero aún urgidos y desesperados
los incondicionales de siempre han preferido el silencio.
El
cyberespacio tatengue era un páramo desolado hace una década
atrás cuando ellos afrontaron el desafío de lanzar
aquel pequeño guijarro en un mar de incertidumbre, impulsados
sólo por el amor irrestricto a los colores que adornaron
su cuna. Apenas imperceptible, aquel tímido sonido hueco
que levantó olas incipientes fue el punto de partida de
una hazaña indescriptible que no conoció límites
ni fronteras. Lentamente comenzaron a sumarse adherentes aportando
energía y entusiasmo, el sueño fue tomando visos
de realidad para terminar imponiéndose como marca registrada,
hogar de irreverentes, refugio de desarraigados, un hito único
e insuperable parte de la rica historia rojiblanca donde cualquiera
pudo expresarse libremente y hasta el más beligerante encontró
refugio para sus opiniones.
La
página se convirtió en una necesidad imperiosa,
los contactos ocasionales en moneda corriente y la amistad se
fue consolidando a fuerza de compartir experiencias en esa suerte
de loco e irracional peregrinaje tras la divisa amada. No los
identificaba el mero hecho de saberse hinchas o simpatizantes,
existía un plus especial que los aglutinó tras una
vieja y raida bandera que desafiante exhibia el nombre de "Cybertatengues".
Hermanados
y orgullosos enrostraron aquel nombre a multitudes, medios y dirigentes,
la denominación se hizo costumbre, agrupación, y
parte de la entidad, sus integrantes transformados en activos
protagonistas de la vida institucional incursionaron en la prensa
escrita u oral y su presencia en cada estadio se convirtió
en una obligación heroica, que aceptaron como un desafío
impostergable. Vivencias, convocatorias, desafios y experiencias
se sumaron incesantes, irrepetibles e invalorables estrechando
un vínculo que se fortaleció magnífico e
inquebrantable, más allá del amor por los colores.
Un
éxito insuperable que ambos basaron en una lucha contínua,
pletórica en responsabilidad y sacrificio, a través
de cientos de horas robadas al sueño y cimentadas en un
código de vida cuyo pilar principal siempre fue el profesionalismo.
Hace cinco años atrás, arreciaron los brindis, las
presencias inesperadas, sorpresas, llamados incesantes y miles
de mensajes de los mismos que hoy están presentes a prudente
distancia, como aquel día Oscar y Alejandra permanecen
en el vortice del círculo afectivo, como aquel día
sus acólitos entienden y en su afán por contenerlos
vuelven a rodearlos y se funden silenciosos en un imaginario abrazo
conmovedor. No hay palabras grandilocuentes ni discursos pomposos,
solo un abigarrado y compacto grupo que necesita estrecharlos
con la fuerza inusitada del cariño que supieron conseguir.
Una legión de locos e inadaptados que por encima de cualquier
reconocimiento explícito por semejante logro, razones y/o
circunstancias ocasionales, privilegian su amistad y los valoran
como a los seres humanos excepcionales que realmente son... GRACIAS
OSCAR y ALEJANDRA !!! ...FELICIDADES TATENGUES.COM ...!!!
Un enorme abrazo rojiblanco
El Pelao